30 ene. 2012

1. Mirando desde la ventana

Sentada junto a la ventana, una ventana amplia en un segundo piso, miro la vista que hay, aunque no es la mejor tampoco me quejo de ella, vivo en el norte de la ciudad, y la vista da al sur, alcanzo a distinguir los edificios de Santa Fe, incluso más lejos. Recuerdo que hace tiempo se podía ver muy bien el domo del Toreo de Cuatro Caminos, pero ya no existe más, excepto la imagen mental que de él conservo.

Es de noche, hace un frío tremendo, con una brisa ligera apenas perceptible. A muchos les resulta insoportable éste clima, para mí es muy disfrutable. Me confieso amante del frío, cualidad que comparto con mi novio. Cierro los ojos por un momento, miro al otro lado de la habitación, ahí está él, mirándome desde la puerta, acercándose hacia mí para abrazarme como solo él sabe hacerlo, siento su tibieza cubrirme; afuera ha comenzado a llover, puedo oír las gotas caer en el piso. Abro los ojos, miro la lluvia caer suavemente, y deseo que aquella imagen fuese real. Un suspiro. Tomo la taza que he dejado junto a mí y bebo del café que se ha entibiado. No me gusta demasiado caliente, siempre lo dejo entibiarse, pues suelo quemarme la lengua con facilidad; pero si no lo bebo rápido, se enfriará y sabrá mal. Sí, desearía compartir éste momento con él. Sin duda sería el preludio a una escena más intima, la cual me reservo la tarea de describirla.

Resulta extraño y divertido escribir esto, suelo escribir de vez en cuando en un diario personal, pero aquí me está resultando un poco intimidante. Me resulta más fácil escribir a la manera tradicional, con pluma y papel, siempre me resulta complicado escribir directo en la computadora, es como si el camino que las ideas recorren para ser plasmadas fuera más largo, y en el trayecto, muchas quedaran atoradas en baches o desvíos en el tránsito de éstas mismas. Sin embargo, en lo personal, me resulta de mucha inspiración mirar las luces de la ciudad, es como si mirara las estrellas en el cielo. Me hacen imaginar que cada una es un sueño o un deseo, pensado o imaginado por alguien, y entre todas ellas se encuentran, por supuesto, los míos. Al ver las luces, me pregunto: ¿qué sucede en aquellos lugares?, ¿qué hace la gente?, ¿qué sueñan los que duermen ya?, ¿y los que no? En todo esto, y a caso más, pienso mientras realizo éste escrito, y escucho el ladrido de algunos perros en calles lejanas, bebiendo el último sorbo de café, que ha terminado por enfriarse y su sabor se ha amargado.

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